sábado 30 de agosto de 2008

El bueno de King

“El umbral de la noche”
Stephen King


Nos encontramos aquí con el King de los años setenta, el mejor para muchos, bueno, el de los años setenta y principios de los ochenta, hasta que acabó de escribir su mejor obra “IT” y a partir de entonces empezó su mayor popularidad y su declive como creador. Para hacernos olvidar el mal momento creativo de nuestro hombre, nada mejor que echarle un vistazo a esta antología de cuentos, la mejor sin duda de las cuatro que conozco de él, por encima de “Pesadillas y alucinaciones” y más por encima todavía de “Todo es eventual”, que no son malas en absoluto pero palidecen ante la frescura de estas aventuras. Hay de todo, desde historias realistas con un trasfondo inquietante (“Basta ya” o la peripecia de un hombre que quiere dejar de fumar, literalmente, a cualquier precio, es una obra maestra del suspense), hasta la prefiguración de su mundo de vampiros en “Un trago de despedida”, que luego desarrollaría en “El misterio de Salem’s Lot”. También aparece por aquí la mini novela “Los niños del maíz”, que tanto predicamento alcanzaría en los años ochenta merced a su adaptación cinematográfica y sus continuaciones. En “El último turno” podemos entrever con poca dificultad un homenaje (algunos dirían un plagio, pero me niego a aceptar tal sustantivo para un hombre como King) al H P Lovecraft de “Las ratas en las paredes”. En “El coco” tenemos al King típico con su terror urbano de primera categoría, la historia de un hombre que acude en busca de ayuda a un psiquiatra a contarle cómo murió su hijo, amenazado por una presencia insondable en el armario de su casa, argumento que luego desarrolló en su regular novela “Cujo”. La antología ha tenido muchas reediciones, y como digo, de las cuatro que hay de Stephen King rondando por ahí, es la mejor con diferencia, así que buscaos una buena excusa para no leerla.

1 comentarios:

emilio morote esquivel dijo...

No te arrepentirás, es de lo mejor que leí de King, cuando King todavía me interesaba, algo que desgraciadamente ya no puedo decir.