
“Todo un hombre”
Tom Wolfe
Dicen los entendidos que esta novela le costó a Tom Wolfe doce años de trabajo y un infarto. Dicen, también, que fue su paso a la literatura popular, esa que llena estanterías en los grandes almacenes en Navidad. Lo cierto es que hasta su anterior “La hoguera de las vanidades” (y su correspondiente adaptación al cine con la interpretación del afamado Tom Hanks como protagonista), Tom Wolfe, al menos en nuestro país, había sido un escritor perteneciente a las márgenes del mundo literario, más identificado por el gran público como una especie de cronista de la marginalidad (incluida la marginalidad drogadicta del ácido lisérgico) que como un novelista “serio” en el sentido más tradicional (y atufador, por qué no decirlo) de la expresión. El éxito de “La hoguera de las vanidades” convirtió a Tom Wolfe casi de la noche a la mañana en un escritor de consumo masivo (le tocó la lotería a la editorial Anagrama, que se hinchó a vender ejemplares de “La hoguera de las vanidades”, y aún sigue haciéndolo) puesto en las estanterías junto a grandes popes de la literatura para masas como Dean Koontz o Stephen King. Estaba claro que ya no iba a seguir Anagrama con los derechos de edición de su obra posterior, y así se editó en España “Todo un hombre” por una gran corporación, algo que no nos parece ni bueno ni malo por sí mismo, pues Tom Wolfe ha seguido siendo el escritor competente que todos sabemos que es, por más que ya no ha podido levantar el listón tanto como lo hizo con “La hoguera de las vanidades”. En ese sentido, “Todo un hombre” es una novela extensa como “La hoguera de las vanidades”, pero que no se puede comparar con ella, algo que tampoco hay por qué hacer. Tom Wolfe sigue en este libro retratando a la alta sociedad americana, una alta sociedad tocada en puntos vitales como la falta de referencias culturales, el desánimo y el vacío; también, la ausencia de motivación en los vástagos de estos hombres ricos que amasan fortunas colosales mientras sus hijos viven existencias huecas. No se limita “Todo un hombre” a hablar de los ricos, pues uno de sus dos principales protagonistas es un pobre desgraciado que apenas subsiste con sueldos de miseria, mientras el otro co protagonista, de quien se extrae la idea del título, se parece un poco más a aquel ejecutivo arruinado por la mala suerte de “La hoguera de las vanidades”. “Todo un hombre” es la historia de dos fracasados que quizá no lo sean tanto. Un ciudadano pobre que lucha contra los elementos sin la menor posibilidad de salir airoso del combate; y un hombre rico que se precipita a la ruina y nos hace saber que quien es todo un hombre no ha de preocuparse por esas minucias. La novela es extensa y a veces se hace pesada, pero en conjunto resulta una lectura fresca y apacible, algo que se agradece, pues mucho nos tememos que Tom Wolfe ha de tardar todavía un buen puñado de años en publicar algo nuevo con verdadera chicha, pendientes como estamos todavía de leer su última “Soy Charlotte Simmons”.
Tom Wolfe
Dicen los entendidos que esta novela le costó a Tom Wolfe doce años de trabajo y un infarto. Dicen, también, que fue su paso a la literatura popular, esa que llena estanterías en los grandes almacenes en Navidad. Lo cierto es que hasta su anterior “La hoguera de las vanidades” (y su correspondiente adaptación al cine con la interpretación del afamado Tom Hanks como protagonista), Tom Wolfe, al menos en nuestro país, había sido un escritor perteneciente a las márgenes del mundo literario, más identificado por el gran público como una especie de cronista de la marginalidad (incluida la marginalidad drogadicta del ácido lisérgico) que como un novelista “serio” en el sentido más tradicional (y atufador, por qué no decirlo) de la expresión. El éxito de “La hoguera de las vanidades” convirtió a Tom Wolfe casi de la noche a la mañana en un escritor de consumo masivo (le tocó la lotería a la editorial Anagrama, que se hinchó a vender ejemplares de “La hoguera de las vanidades”, y aún sigue haciéndolo) puesto en las estanterías junto a grandes popes de la literatura para masas como Dean Koontz o Stephen King. Estaba claro que ya no iba a seguir Anagrama con los derechos de edición de su obra posterior, y así se editó en España “Todo un hombre” por una gran corporación, algo que no nos parece ni bueno ni malo por sí mismo, pues Tom Wolfe ha seguido siendo el escritor competente que todos sabemos que es, por más que ya no ha podido levantar el listón tanto como lo hizo con “La hoguera de las vanidades”. En ese sentido, “Todo un hombre” es una novela extensa como “La hoguera de las vanidades”, pero que no se puede comparar con ella, algo que tampoco hay por qué hacer. Tom Wolfe sigue en este libro retratando a la alta sociedad americana, una alta sociedad tocada en puntos vitales como la falta de referencias culturales, el desánimo y el vacío; también, la ausencia de motivación en los vástagos de estos hombres ricos que amasan fortunas colosales mientras sus hijos viven existencias huecas. No se limita “Todo un hombre” a hablar de los ricos, pues uno de sus dos principales protagonistas es un pobre desgraciado que apenas subsiste con sueldos de miseria, mientras el otro co protagonista, de quien se extrae la idea del título, se parece un poco más a aquel ejecutivo arruinado por la mala suerte de “La hoguera de las vanidades”. “Todo un hombre” es la historia de dos fracasados que quizá no lo sean tanto. Un ciudadano pobre que lucha contra los elementos sin la menor posibilidad de salir airoso del combate; y un hombre rico que se precipita a la ruina y nos hace saber que quien es todo un hombre no ha de preocuparse por esas minucias. La novela es extensa y a veces se hace pesada, pero en conjunto resulta una lectura fresca y apacible, algo que se agradece, pues mucho nos tememos que Tom Wolfe ha de tardar todavía un buen puñado de años en publicar algo nuevo con verdadera chicha, pendientes como estamos todavía de leer su última “Soy Charlotte Simmons”.
1 comentarios:
Hola Emilio,
Acabo de descubrir tu blog y me parece muy bueno. Veo que coincidimos bastante en gustos literarios. Tom Wolfe, por ejemplo, lo mejor de lo mejor. Y La conjura... fantástica. Genial aquella frase de Ignatius R. de que "el mundo anda falto de geometría y teología", o algo así.
Ya iré haciendo más comentarios.
Yo también tengo otro blog, especializado en periodismo. Te pongo aquí la dirección por si os interesa.
blogdeperiodismocreativo.wordpress.com
Saludos,
Fernando
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