domingo 21 de septiembre de 2008

Un titánico ocaso

Riszard Kapuscinky
“El imperio”

Pocos libros del género de ensayo me han llamado la atención en los últimos años como éste. Se trata de una visión de la agonizante Unión Soviética escriba gracias a las visitas que el periodista polaco hizo al gigante herido en los años finales de la década de los ochenta y primeros de la década de los noventa. En este libro asistimos a un relato amenísimo de los desafueros cometidos con el pueblo ruso y con tantos y tantos otros que habitaban la extinta URSS. Se nos cuenta la enorme catástrofe ecológica perpetrada en el Mar de Aral, el mayor yacimiento de agua dulce del mundo en estado líquido, sólo superado por los casquetes polares, un lugar donde el mar ha bajado doce metros de nivel y ha retrocedido en algunos casos hasta ochenta kilómetros, de modo que lo que eran pueblos costeros y de vida marinera, subsisten ahora en mitad del desierto, sin saberse muy bien cómo consiguen sobrevivir sus habitantes. Se nos cuenta también la tragedia del pueblo armenio, un pueblo sin nación, sin territorio, rodeado de imperios hostiles, de odio; se nos cuenta también la masacre realizada por Stalin con el pueblo ucraniano, los diez millones de muertos en las hambrunas soviéticas de los años treinta; se nos habla del NKVD, los terribles servicios secretos rusos, y de cómo todo el imperio vivía rodeado de alambre de espino (una longitud de terreno superior a la del Ecuador de la Tierra), de modo que, siendo tan acuciante la necesidad de acero para construir las alambradas, era imposible fabricar cosas tan simples como cucharas para comer.
El estilo del escritor polaco es, como decimos, de una amenidad que hace que todo el libro pueda ser leído por cualquiera, sea de la edad que sea y de la condición social de que se trate, porque no es un panfleto anticomunista, por más que se nos hable de algunos de lo sitios más terribles del planeta, como el desaparecido campo de concentración de Kolima, un sitio donde murieron tres millones de personas al menos; sino de un retrato de una realidad que nosotros, los europeos, no podemos comprender, ni siquiera acercarnos a ella, pues Rusia, como se desprende de la lectura de este libro, no es un país europeo, no puede medirse, ni en términos geográficos, ni sociales, ni políticos, ni económicos, desde los cánones de un holandés, un francés o un español. Recomendadísima lectura para los que quieran saber algo de los tiempos que pasaron no hace mucho.

2 comentarios:

Armando dijo...

Perdón la ignorancia: Es Rusia asiática,aunque su población parece europea?

Hablando de tu blog,os felicito.
Las reseñas que presentáis dan ganas de comprar los libros.

Saludos y viva España!

emilio morote esquivel dijo...

Rusia en su mayor parte es asiática, y aunque soy un desconocedor de temas socio políticos, creo poder apuntar que la mayor parte de la población de Rusia vive en la parte europea. Me alegro de que te gusten mis comentarios: este libro lo puedes comprar sin pensártelo demasiado, es muy muy recomendable. Un saludo. Intentaré actualizar el blog más deprisa, es que no tengo demasiado tiempo. Un saludo.