José Saramago“Ensayo sobre la ceguera”
Pocas veces se ha dado la circunstancia de un Premio Nobel que sea al mismo tiempo un escritor popular. En el caso de Saramago no sabemos ahora mismo si el premio fue causa o consecuencia de su popularidad, pero lo cierto es que novelas como la que nos ocupa se leen de un tirón, al igual que les sucede a algunas de Gabriel García Márquez. La historia, a estas alturas, es conocida por todos: una epidemia de ceguera asola la humanidad completa (o por lo menos esa completitud se da a entender, aunque en ningún momento se sitúa la acción en un país o una época determinada, por más que los referentes mecánicos –coches, semáforos, médicos– nos dan una somera referencia cronológica). Las condiciones en que viven los protagonistas de la historia, que se conocen todos de modo accidental en una especie de centro de reclusión para ciegos, van degenerando desde la desgracia objetiva de no poder ver hasta los extremos más abyectos de la crueldad humana. La condición humana es el motivo que mueve toda esta obra de Saramago: hasta qué puntos de aberración pueden llegar los hombres cuando los abandonan a su suerte y a sus medios, cuando desaparecen las leyes, la autoridad, el respeto. Estos temas ya han sido tratados hasta la saciedad por innumerables escritores, pero es en el estilo fácil y directo de Saramago donde estas cuestiones adquieren su dimensión más tenebrosa. La novela se lee casi como un best seller, pero por supuesto es mucho más que eso: una de las reflexiones acerca de lo miserable de la existencia humana, de lo cogidas con alfileres que están todas nuestras convenciones sociales, y de cómo todo se puede ir a la porra en cuanto suceda algo (una crisis de cualquier tipo, por ejemplo) que derribe las frágiles murallas que nos separan de la locura.
5 comentarios:
Son curiosas las historias de Saramago, a mi me encantan. Detrás tienen mucho para hacernos pensar.
Tengo que dar un curso sobre las TIC aplicadas a alumnos con necesidades especiales.
Quizás hasta me lo lea para meterme en su pellejo, jejeje
Parece que el blog vuelve a tomar un ritmo un tanto más movido ;)
Una obra tan contundente y desgarradora como un lienzo del Bosco. Hace años que la leí, pero aún conservo intacto el impacto psicológico de algunos pasajes, lo que a mi juicio bastaría para asegurarle un digno lugar en el imaginario colectivo. Al igual que ocurre con nuestras pesadillas más ilustres, recuerdo la historia con cierto atropello cinematográfico sin que por ello pierda elocuencia.
No son pocas las virtudes que destacaría de esta peculiar distopía, pero hurgando en la memoria creo que pueden concentrarse en dos:
- La formidable tensión dramática lograda entre forma y contenido (una narración que sofoca por su ausencia de intervalos entre voces, despojada de concesiones formales, reflejo que amasija y propende a lo atroz).
- El retruécano filosófico pergeñado por Saramago para devolvernos el sentido privándonos del más elemental, la vista.
Un saludo.
Gracias, autógeno, por tus palabras, siempre son bien recibidas estas muestras de apoyo; ahora mismo tengo el blog algo parado porque estoy con una novela mía que quiero publicar por febrero o marzo, y paso muchas horas con ella y luego no me quedan muchas ganas de escribir en el blog, pero creo que este mes algo caerá; un saludo.
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