Eso de contar con un padre famoso tiene sus ventajas, aunque al padre de uno se le haya acabado el talento y sus novelas empiecen a atufar. Lo mejor en estos casos es, puesto que el padre tiene éxito incluso con sus peores novelas, escribir una que se les parezca. Eso es más o menos lo que ha hecho el señor que escribe con el pseudónimo de Joe Hill, escritor de muy estrechas miras para quien no faltan los elogios en la prensa internacional (faltaría más). Con la ayudita, es un suponer, de su padre, el señor Joe Hill, hijo por más señas de Stephen King, lo diremos ya, ha pergeñado una absurda historia de fantasmas que hubiera resultado para un cuento más o menos aceptable, pero que hinchada hasta la saciedad en un grueso tomo de más de cuatrocientas páginas, lo cierto es que no da para mucho. No es para escandalizarse que un hijo de un escritor famoso redacte novelas (esta es la primera, anteriormente tiene un libro de relatos que parece no haber sido publicado por estos lares), y menos en un país, el nuestro, donde ganan premios literarios de postín gente que ni siquiera son escritores. Al margen de estas consideraciones, llámenme envidioso si quieren, hay que admitir que la novela puede llegar a ser entretenida por momentos, pero que en definitiva se deshincha poco a poco y queda en una delirante historia acerca de un viejo rockero (de los que nunca mueren, oiga) perseguido por el fantasma de su suegro, enviado junto con un traje de mal gusto que el viejo rockero tiene la mala fortuna de destruir, con lo cual cualquier forma de exorcizar al fantasma queda tirada por tierra. Una novelucha que no vale el papel que cuesta imprimirla, y que no creo que agrade ni siquiera a los fans del género de terror. Si Stephen King está acabado, su hijo ni tan sólo merece la pena de empezar a leerlo. Habrá quien piense de otra manera, para gustos están los colores, y si no que le pregunten al autor de “El niño del pijama a rayas”, otro absurdo tochete que, sin embargo y por sorpresa, ha escalado los más altos puestos de las listas de venta en medio mundo. Pero ese es otro tema.
martes 7 de octubre de 2008
Muy poca calidad
Eso de contar con un padre famoso tiene sus ventajas, aunque al padre de uno se le haya acabado el talento y sus novelas empiecen a atufar. Lo mejor en estos casos es, puesto que el padre tiene éxito incluso con sus peores novelas, escribir una que se les parezca. Eso es más o menos lo que ha hecho el señor que escribe con el pseudónimo de Joe Hill, escritor de muy estrechas miras para quien no faltan los elogios en la prensa internacional (faltaría más). Con la ayudita, es un suponer, de su padre, el señor Joe Hill, hijo por más señas de Stephen King, lo diremos ya, ha pergeñado una absurda historia de fantasmas que hubiera resultado para un cuento más o menos aceptable, pero que hinchada hasta la saciedad en un grueso tomo de más de cuatrocientas páginas, lo cierto es que no da para mucho. No es para escandalizarse que un hijo de un escritor famoso redacte novelas (esta es la primera, anteriormente tiene un libro de relatos que parece no haber sido publicado por estos lares), y menos en un país, el nuestro, donde ganan premios literarios de postín gente que ni siquiera son escritores. Al margen de estas consideraciones, llámenme envidioso si quieren, hay que admitir que la novela puede llegar a ser entretenida por momentos, pero que en definitiva se deshincha poco a poco y queda en una delirante historia acerca de un viejo rockero (de los que nunca mueren, oiga) perseguido por el fantasma de su suegro, enviado junto con un traje de mal gusto que el viejo rockero tiene la mala fortuna de destruir, con lo cual cualquier forma de exorcizar al fantasma queda tirada por tierra. Una novelucha que no vale el papel que cuesta imprimirla, y que no creo que agrade ni siquiera a los fans del género de terror. Si Stephen King está acabado, su hijo ni tan sólo merece la pena de empezar a leerlo. Habrá quien piense de otra manera, para gustos están los colores, y si no que le pregunten al autor de “El niño del pijama a rayas”, otro absurdo tochete que, sin embargo y por sorpresa, ha escalado los más altos puestos de las listas de venta en medio mundo. Pero ese es otro tema.
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