jueves 31 de julio de 2008

Una pequeña joya del cuento chileno

“Santelices”
José Donoso


José Donoso saltó a la fama a principios de los setenta con la publicación de “El obsceno pájaro de la noche”, novela que a mí me parece bastante sobrevalorada, razón por la que me quedo con este cuento, publicado en el mismo tomo que el cuento de Reinaldo Arenas que comentábamos por aquí, “Bestial entre las flores”, en el segundo volumen de “El cuento hispanoamericano” de la editorial Castalia. “Santelices” es la historia de un oficinista que colecciona recortes fotográficos de gatos que guarda en una caja debajo de la cama, y a los que echa un vistazo cuando llega a la casa donde le tienen alquilada una habitación. En la casa vive una solterona con su padre, que es un pobre viejo alelado. La solterona tiene pretensiones con Santelices, pero Santelices es uno de esos hombres que han nacido para ser libres… aunque su vida discurra en una prisión: del trabajo a la casa (que no es suya) y de la casa al trabajo. La única vía de escape de Santelices son los gatos fotografiados en las revistas que él recorta y acaba pegando con chinchetas en la pared de su habitación, hasta que la solterona se entera y le arma la de Dios es Cristo. “Santelices” es un cuento perfecto para ser releído una y otra vez, un cuento en el que parece no suceder nada, pero que alberga un final imprevisto que le da una dimensión nueva a toda la narración. “Santelices” es el símbolo de la rebelión, de los hombres hartos de obedecer a todo lo que les ordenan, ese tipo de hombres en el que todos alguna hemos temido convertirnos: fracasados de vida gris, solitarios o, peor aún, gente acompañada de personas con las que no tenemos nada en común pero a las que soportamos porque nos da un terror atroz quedarnos solos con nosotros mismos y nuestros pensamientos. Leed, por favor, esta pequeña obra maestra del cuento hispanoamericano. “Santelices” es una joya que puede figurar al lado de los mejores cuentos de García Márquez, Carlos Fuentes, Julio Cortázar o Juan Carlos Onetti.

Cómica irreverencia

“El polizón”
Julian Barnes


“El polizón” es el primer cuento del volumen “Historia del mundo contada en diez capítulos y medio”, una ocurrente descripción de la condición humana en episodios relacionados más o menos con el mar, y narrados con un sentido del humor que habla mucho y bien de la capacidad inventiva de Julian Barnes, escritor que no es muy conocido en España pero que supera a otros más populares y con menos méritos. Julian Barnes tiene la rara capacidad de hacerse entretenido mientras nos narra historias en apariencia simples. “El polizón” cuenta la peripecia, en primera persona, de una de las especies que se salvaron del Diluvio Universal por la mera casualidad, nunca por un plan divino o una previsión humana. El cuento está construido en base a una irreverencia absoluta hacia las figuras del Antiguo Testamento. Noé es retratado como un hombre de muy escasas luces que salva el pellejo de milagro, a quien además el narrador protagonista, el perteneciente a esa curiosa raza que se salva de casualidad, compara con los gorilas… para salir perdiendo Noé en la comparación. Se derriban mitos a golpe de narrativa ingeniosa (no fue una sola balsa, sino ocho las que se construyeron; no duró el diluvio unos cuantos días, sino años); se ponen en solfa algunos de los problemas de la construcción de las naves: los mismos artesanos que estaban llamados a fabricarlas quedaban excluidas de la salvación tras el comienzo del Diluvio, lo que hizo que muchos de ellos se opusieran a seguir trabajando. Así, como quien no quiere la cosa, Julian Barnes aborda ciertos problemas y toca puntos oscuros, como la posible relación zoofílica entre las mujeres de Noé y sus hijos con una raza de monos que resultó sacrificada antes del desembarco, que es como llama al fin del Diluvio. De hecho, según el narrador de este cuento (cuya identidad preferimos no desvelar pese a que a lo largo de la narración se van dando pistas sobre la misma), el mismo Noé sería responsable de la extinción de un significativo porcentaje de especies que nunca llegaron a ser conocidas por el hombre actual debido al ansia de sacrificio de los seres humanos. De hecho, muchos animales fueron subidos al Arca de Noé nada más que para servir de alimento, razón que fue suficiente para que de los considerados “impuros” sólo abordara la pareja correspondiente, mientras que de los “puros” se dejara entrar hasta a siete, lo que daría fuente de alimento aceptable durante los años que duró la inundación. Con un tono, como decimos, irreverente, y con una técnica que parece respetada por el traductor, Julian Barnes ataca los pilares de las creencias religiosas, y lo hace con elegancia y fundamento, y además con sentido del humor. Este tomo de “La historia del mundo contada en diez capítulos y medio” ha pasado de la colección cara a la más barata de Anagrama, “compactos”, con lo cual podéis conseguir el libro por menos de diez euros o cosa por el estilo. Os recomiendo el libro porque tiene miga. Ya comentaremos por aquí más capítulos de este delicioso volumen. Por fin los de Anagrama se han movido para publicar algo en condiciones, caramba.

miércoles 30 de julio de 2008

Maestro del cuento cubano

Reinaldo Arenas
“Bestial entre las flores”


Encontré este cuento del escritor cubano en una antología del cuento hispanoamericano publicada por la editorial Castalia. Allí, entre desconocidos autores de Argentina, Méjico y hasta Honduras, me topé con una historia que me fascinó durante mucho tiempo; la leí sin ningún tipo de prejuicio, pues todavía no se había estrenado la película “Antes de que anochezca”, basada en el libro autobiográfico del propio Arenas y que tanto revuelo trajo como consecuencia de su nominación para un Óscar de Hollywood (he de decir que me pareció una mención absolutamente oportunista, pero esa es otra historia: si esa película mereció la atención de los americanos, me parece a mí, es por cuestiones puramente políticas, aunque, por supuesto, no es de política de lo que hablamos aquí). “Bestial entre las flores” tiene, sin seguro habérselo propuesto el autor, todos los ingredientes de ese realismo mágico preconizado por García Márquez y del que tanto abominó el propio Reinaldo Arenas, quien decía que eso de comer tierra no era realismo mágico sino la misma realidad en Cuba, donde la gente pasaba tanta hambre y tantas penurias, que muchas veces se veía obligada a cocinar cualquier cosa que encontrara a su alcance, aunque fuese de dudosa salubridad. En cuanto al cuento, podríamos definirlo, como se ha dicho ya por ahí, como una historia de la lucha entre el bien y el mal, o entre el oscurantismo y la rebelión social. Un muchacho (creemos que es un muchacho) conoce a un ser de la selva, Bestial, quien lo introduce en los secretos de un mundo paradisíaco, el mismo que conoció Arenas cuando en su infancia se relacionó con el medio ambiente natural de un poblado enclavado en mitad de la selva donde conoció, según él mismo dice en la voz del narrador de la película que hemos mencionado, “la más absoluta pobreza y también la más absoluta libertad”. El manejo del lenguaje de Arenas en este cuento es de una maestría absoluta, muy por encima de lo hecho en algunas de sus incomprensibles novelas, publicadas muchas de ellas por Tusquets con más entusiasmo que acierto, nos tememos, si obviamos la ya comentada en este artículo como película y en otra parte del blog como novela: “Antes de que anochezca”. En cualquier caso, si podéis haceros con el libro, se titula “El cuento hispanoamericano en el siglo XX, tomo II” y lo ha publicado la editorial Castalia en su colección de Clásicos Castalia; de este libro ya os comentaré más cosas de otros autores como José Donoso o el propio Carlos Fuentes, que no me inspira este último mucha simpatía pero que me parece bastante interesante como cuentista, no así como novelista.

domingo 27 de julio de 2008

Vida de Leopoldo María Panero

J. Benito Fernández
“El contorno del abismo”


Leopoldo María Panero tiene un privilegio muy común en España: el de ser conocido por muchos y leído por muy pocos. Esta obra ha podido ayudar a lo contrario, a que sea leído por algunos más, aunque que Leopoldo siempre mostró una gran inclinación por esa excelsa hermana hermosa de la literatura que es la poesía, un género difícil de practicar y encima con pocos lectores. Pero no es poesía precisamente lo que vamos a encontrar en este tomo, sino la historia de un hombre más que al borde de la locura. El abismo a que se refiere el título es esa crónica de la esquizofrenia vivida en primera persona, o en tercera, si tenemos en cuenta que quien nos narra las vicisitudes de este pobre loco que es Panero no es precisamente él. Nunca me ha atraído mucho el género de la biografía, pero con Panero bien se puede hacer una excepción. Recomiendo el libro a todos aquellos que piensan que sólo con talento se puede conseguir algo en el mundo literario, ni siquiera con talento unido a contactos Panero ha pasado de ser algo más que una figura de culto, como decimos, conocido por muchos y leído por minorías. Las historias de sus borracheras, de sus ingresos en psiquiátricos, de sus declaraciones con meadas fuera de tiesto (y en algunos casos con meadas en mitad de la calle o en un rincón de un bar frente al mismo público que luego lo expulsa con cajas destempladas, como atestiguan las líneas de este libro), nos muestran en definitiva a un pobre loco atrapado por su propia genialidad. Alguien que, seguro, caería muy mal a cualquiera que lo tuviera delante (su forma de comer, por ejemplo, no era, digamos, muy ortodoxa o siquiera educada), pero saber cómo ha vivido un escritor, que por cierto todavía está vivo cuando escribo estas líneas, un escritor de verdad, no uno de esos prefabricados por las editoriales, ayuda a comprender un poco mejor el mundo en que habitamos, un manicomio descomunal con pequeños sitios llamados “sanatorios” donde viven los pocos cuerdos que nos podrían guiar.

Un genio paraguayo


Augusto Roa Bastos
“Yo el supremo”


No estamos acostumbrados en España a que nos lleguen obras de autores paraguayos, y por eso se hace difícil establecer comparaciones entre este escritor y otros de su país que, al menos para un servidor, resultan del todo desconocidos. En todo caso, “Yo el supremo” es una de las pocas, digamos, novelas experimentales que me ha llamado poderosamente la atención. La compré animado por el prestigio de la editorial y la colección donde se publicaban (Cátedra, Letras Hispánicas) y aunque al principio me costó un poco de trabajo e incluso estuve a punto de dejarla en la página diez, me sorprendí día tras día volviendo al libro y avanzando un poco más. Cuando llegué al final, volví a leerla por trozos varias veces, y entera un par de ocasiones más. Roa Bastos es un escritor genial, un hombre que usa el lenguaje con una agudeza inusitada, algo así como un Umberto Eco elevado a la quinta potencia (y además sin traducciones de por medio). Excelente libro que recomiendo a aquel que quiera enfrentarse con algo que no sea lo de siempre. En una primera impresión, la novela no parece tener un guión claro, aunque, como le pasa a “Pedro Páramo” de Juan Rulfo, cuando se lee con atención por segunda y tercera vez, el lector no tarda en captar un sutil y sólido entramado que dan cuerpo a una novela de las que se ven pocas. Nunca estará en las listas de los más vendidos, pero cuando nadie se acuerde los superventas actuales, “Yo el supremo” seguirá con su pequeño lugar en las estanterías reservadas a los que buscan en la literatura algo más que un simple divertimento.