Antony Beevor:
Stalingrado
No deja de ser una (amarga) ironía que cientos de miles de hombres tuvieran que matarse hace siete décadas para que ahora pasemos el rato leyendo la crónica de sus padecimientos, de sus horribles privaciones. Antony Beevor se ha especializado en ahondar en lo que Unamuno llamó la Intrahistoria: esos detalles que no cuentan los manuales al uso. Qué fue de aquellos hombres que envenenaron su alma luchando por unos ideales que luego resultaron vacíos, carentes de sentido. Eso, los que se creían el discurso nazi, claro, que de todo hubo o tuvo que haber entre las numerosas tropas alemanas, austriacas, rumanas y hasta croatas que lucharon en la batalla de Stalingrado. Desde el idealista fanático que creía en lo sagrado de su misión (la de exterminar a los eslavos, entre otras), hasta el descreído cínico –cobarde o valiente, tanto da cuando a uno lo han llevado a la fuerza a fastidiarle el asunto al pueblo ruso– que no pensaba más que en salvar la vida. Todos tuvieron un horrendo fin en la batalla que decidió el destino de la Segunda Guerra Mundial y, por consiguiente, la historia de Europa en los cincuenta años siguientes. Puede que en Stalingrado se decidiera el destino del mundo, si a eso vamos, porque de haber ganado la batalla los alemanes es más que probable que la Unión Soviética hubiera claudicado a las pretensiones de Hitler y hoy, en vez del inglés como el idioma común en Occidente, se utilizara el alemán. Como decimos, Beevor ahonda en los detalles, nos cuenta cosas que pocos historiadores hasta ahora habían descubierto. O lo sabían y no se animaban a escribirlo. Beevor se ha hecho un nombre en España (su último libro habla de nuestra Guerra Civil, desastre histórico que interesa a todo historiador inglés que se precie, claro está), y aquí su obra es reconocida y apreciada. No es para menos. Tal como queda meridianamente claro tras la lectura de Stalingrado, Beevor es un hombre concienzudo, ameno y todo lo honrado que puede ser un historiador que, como todos sabemos en estos casos, pertenece al bando de los vencedores. Los perdedores, todos lo saben, no escriben la Historia. Aparte de ese pequeño detalle, a este libro no se le puede pedir más porque, encima, está en serie barata de bolsillo. Que lo compren aquellos que quieran saber por qué Europa es hoy como es y no de otra manera. Los otros, los que evitan a tal o cual escritor o tal o cual tema porque no les cae simpático, que se abstengan.

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