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miércoles 4 de enero de 2012

Valor y al toro

William Faulkner:
Mientras agonizo
Faulkner es autor de una vasta y casi inextricable obra novelística. También es autor de unos cuentos un tanto más legibles. Analizar cualquiera de las novelas de Faulkner es un despiadado reto para un comentarista. Darlas a conocer al gran público es tarea imposible en un país donde prima el anabolismo literario sobre la creación artística. Faulkner construye un universo de la Norteamérica sureña en torno a unos personajes y un lugar mítico que deviene familiar sólo tras la lectura porfiada y atenta de un lector que ha de presumirse hercúleo. Son contadas las ocasiones en que uno atiende a desentrañar el misterio expuesto por Faulkner en sus novelas. La índole del enigma puede ser trivial o –las más de las veces– trágica. Es lo de menos. El obstáculo real es discernir, en una prosa en apariencia convencional, cuál es el argumento. Cuando uno se enfrenta por vez primera a Mientras agonizo, tiene la impresión de caer por un abismo de palabras sencillas que figuran una escala cómoda por la que descender, y que sin embargo nos conducen a un mundo donde el lector se pierde, por así decirlo, sin llegar a entender muy bien qué es lo que le han contado. Si esto es un mérito o un defecto, es algo que habrán de decidir los lectores de esta novela (y de casi todas las demás de la autoría de Faulkner). Cuando un autor nos supera en mérito, no nos queda otra opción que la de asumir nuestras limitaciones, congraciarnos con las palabras que podamos aprehender, con las oraciones que nos permitan avanzar en la ficción, y lamentarnos porque los límites de nuestro entendimiento queden más cerca de lo pedestre que de la categoría olímpica de un hombre que escapa a cualquier análisis ortodoxo. Faulkner no concede tregua en esta historia de aparente humanidad y soterrado egoísmo. Para acabar de dificultar el camino del lector, construye una novela con varios narradores, cada uno con su punto de vista en primera persona. El resultado es un libro cortísimo, de poco más de cien páginas que, sin embargo, requiere días, semanas y hasta meses de estudio. Puede que ese sea el placer que nos brinda Faulkner, el de que asumamos nuestro papel de lectores activos, no de consumidores afables y domesticados de una prosa de cucharón, servilleta y mesa camilla con copa de anís incluida en el precio. Para leer a este hombre, uno ha de estar lúcido, desconectar la televisión por unas semanas, huir de la novelística actual española de mercadillo y prepararse para una carrera de fondo. O para la repetición, en series cortas, de extenuantes pruebas literarias. Suerte a los que se atrevan con este pequeño y titánico volumen.

2 comentarios:

Forastero dijo...

Me da que lo tuyo con Faulkner es como lo mío con Melville: una relación de amor-odio. Uno de esos autores que te hacen disfrutar en ocasiones y en otras echar pestes del día en que decidieron coger una pluma y embadurnar un folio en blanco…
En mi caso Faulkner ha sido una de las mayores decepciones literarias que he tenido en mi vida, pero no por culpa del autor, sino de la mía propia por hacerme ilusiones con un escritor del que había oído hablar maravillas y que ni de lejos logró colmar las expectativas creadas. Precisamente esa gran decepción consistió mayormente en la lectura de esta novelita, auténtico pestiño sobrevalorado donde los haya y cuyos personajes me parecen de lo más inaguantable y ridículo. “El Ruido y la Furia” viene a ser también más de lo mismo. Aborrezco profundamente a Faulkner y la visión folklórica, paleta y repetitiva que tiene del profundo sur norteamericano. ¿En las novelas de Faulkner hay alguien normal? Lo digo porque entre tanto fanático religioso, cónyuges homicidas, retrasados endogámicos y ancianas que usan cadáveres a modo de “ambientador”, uno no puede sino preguntarse que la visión que Faulkner tenía de la vida era cuanto menos hiperbólica y bastante alejada de la realidad. Creo que es también el responsable principal en la creación de clichés que tienden a describir el sur de los Estados Unidos como un lugar extraño y grotesco por sistema en el que la gente se tira a sus primas, a los pollos del corral e ingiere alcohol adulterado almacenado en garrafones marcados con tres “equis” mientras aúlla a la luz de la luna…
Sus cuentos tampoco me transmiten nada. En general es un autor que a mí personalmente ni me gusta lo que dice ni cómo lo dice. En definitiva, que entiendo y respeto que guste a un sector del público y por supuesto a la crítica como buen y jugoso ejercicio de exégesis que toda obra literaria con afán de innovación y con un mundo delimitado representa, pero no sé cómo demonios lo aguantáis.

JL dijo...

precisamente volvi a leer este libro hace poco y si bien me gusto mas que la primera vez que lo lei (hace ya tres años)me temo que aun necesitare unas cuantas lecturas mas para sacarle todo el jugo.

antes odiaba a faulkner por elitista, cerrado y dificil, ahora me doy cuenta de que el problema era mio, no suyo. faulkner es un autor que te exige mucha concentracion, paciencia y esfuerzo, y si tu no eres capaz de dedicarle el tiempo que se merece, entonces no eres el lector adecuado para sus libros.

seguire re-leyendo a faulkner y descubriendo obras nuevas suyas. y por supuesto compartire por aqui mis impresiones.